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Católico, padre de familia y abogado. Aficionado de los juegos de rol, la ciencia ficción e internet.
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Lunes, 17 de abril de 2006
Los prejuicios nos impiden ver o darnos cuentas de cosas que, de otro modo, resultarían de una absoluta evidencia. Esto, que es bien sabido, no impide que nos asombremos cuando nos damos cuenta hasta qué punto pueden alterar nuestra percepción de la realidad.
En este caso, me refiero a que en nuestra cultura todos estamos en mayor o menor medida familiarizados con el cristianismo y hemos desarrollado prejuicios tan fuertes respecto de sus doctrinas que ya ni vemos cosas que son evidentes. Por ejemplo, hay muchísima gente que ha desarrollado su espiritualidad con la idea de que Jesús era un predicador que vino a entregar un mensaje, pero nunca tuvo la intención de fundar una Iglesia (entre ellos Hans Kung) ¡mientras el hecho más evidente que surge de estudiar todas las fuentes es que NSJC quiso fundar una Iglesia!
Otro prejuicio en operación pudimos ver ayer domingo, en el cuerpo de reportajes de La Tercera. Ahí, Fernando Villegas, que es tenido como un columnista de peso en el ámbito nacional, escribe sobre el evangelio de Judas y su importancia para la Iglesia:
Toda institución posee [una historia oficial]. En el caso de la cristiandad, son los evangelios. Escrita post factum, la historia oficial relata lo que pudo ser de acuerdo a lo que tal vez fue, pero también considerando el interés de lo que es y quiere seguir siendo.
Luego la acusación se vuelve más directa
Como ya lo vimos, su legitimación depende no de un evento probado por la ciencia histórica, sino sólo atestiguado por cuatro desconocidos cuyo trabajo fue luego editado por funcionarios de la Iglesia.
En definitiva se acusa a los evangelios de no ser más que la “historia oficial” manipulada por la Iglesia. Donde vemos al prejuicio operando es en el hecho de que se sigue adelante hablando sobre la importancia del evangelio de Judas, sin mentar en un hecho evidente pero que a causa de nuestra costumbre ha pasado totalmente inadvertido: en la Biblia hay cuatro relatos diferentes de los mismos hechos, todos ellos considerados “oficiales”.
Ahora bien ¿En qué mente cabe que la forma de establecer una “historia oficial” es escribir cuatro versiones diferentes de la historia? ¿A nadie le llama la atención que esta organización de manipuladores a gran escala (es decir la Iglesia o quien haya falseado el "verdadero mensaje"™ de Jesús) haya establecido cuatro relatos como “oficiales”? ¿Y que las aparentes contradicciones entre los relatos sean evidentes para cualquier lector casual? ¿Alguien?
Es tan descabellado como si la comisión que investigó las violaciones a los DD HH en Chile hubiera escrito dos informes diferentes ¡sólo por divertirse! o como si un juez hiciera dos veces un fallo, incorporando en un información que no aparece en el otro, luego dijera que los dos son el mismo fallo ¡y a nadie le llamara la atención! Ah, pero no son dos los evangelios ¡Son cuatro! ¿Cómo es posible que a nadie le llame la atención que la Iglesia tenga cuatro evangelios y todos sean la “historia oficial”?
Sólo por la costumbre que producen los prejuicos hemos llegado a ver al conjunto de los evangelios (y muchas veces a la Biblia) como si formaran una sola historia oficial. Quien se encontrara sin prejuicios con este libro, ciertamente que no los consideraría así. A partir de este punto debemos recapitular y reconocer que la Iglesia nunca canonizó una historia oficial, y por lo tanto tampoco pudo haber una manipulación de esa historia, debemos volver a mirar La Biblia como algo nuevo y preguntarnos ¿qué son cada uno de los evangelios?
Y la respuesta es que cada evangelio es un documentos históricos, pero al decir esto debemos tener claro que no todos los documentos históricos son crónicas, como las que escribieron Josefo o Heródoto. La categoría de “documentos históricos” se extiende también a documentos legales, testamentos, registros contables, inscripciones y rayados, relatos de leyendas, obras de teatro, poesía, textos religiosos, en definitiva, todo lo que esté escrito, sea que lo que relatan sea verdad o mentira, que nos permitan conocer los hechos o el estilo de vida de épocas pasadas.
En este contexto, y desde un punto de vista estrictamente histórico, los evangelios no son meras crónicas, sino un documento surgido de la comunidad cristiana para ayudar en la predicación del evangelio. Esto implica que omiten muchas cosas que se daban por sabidas, porque antes de acceder a oír el relato de los evangelios (hay que recordar que muy pocos sabían leer), sus destinatarios habían sido medianamente iniciados en los principios de la fe.
Ahora podemos contestar a la pregunta acerca de la existencia de mútliples relatos, sin necesidad de recurrir a una conspiración. ¿Por qué los evangelios son cuatro? Pues sencillamente porque estos cuatros son los únicos que pudieron trazar su contenido hasta las enseñanzas de los apóstoles, según los había recibido la comunidad cristiana.
A algunos les llama la atención que los evangelios omitan casi 20 años de la vida de NSJC, e intentan ver en esto una referencia a enseñanzas o influencias ocultas, pero su perplejidad surge de ignorar precisamente el punto que trato de destacar: que los evangelios no son una biografía (género desconocido en la antigüedad) sino que se concentran en el período en que Jesús enseñó públicamente.
Como nota al margen, podemos indicar que curiosamente el único evangelio que intenta ser una recolección ordenada y cierta de los hechos ocurridos es el de San Lucas. Este evangelio es el único que contiene el relato de la anunciación y nacimiento de NSJC, ¡que es lo que primero se tira por la borda de la plausibilidad histórica!. Es decir, no creen en los evangelios porque no cuentan la historia tal como fue, y si les muestran uno que dice contarla, tampoco le creen.
En confirmación de su ignorancia respecto al tema que opina, el columnista concluye:
Si se declara a este nuevo evangelio como inválido, los otros pueden serlo también pues ninguno tiene más sustento material, histórico o científico para superar a los otros en validez.
Pero sabemos que los evangelios son documentos históricos, cuya validez como fuente de doctrina depende de la Iglesia. Ya lo decía San Agustín
Si tu te encuentras con una persona que no cree aun en las Escrituras, ¿Como le contestarías si esta te dice que no cree? Por mi parte, no creeré en las Escrituras a menos que la autoridad de la Iglesia Católica me mueva a ello.[fuente]
Además, sabemos que de ellos existen más copias cercanas al original que de ningún documento de la antigüedad, y que las diferentes copias se extendieron por el mundo antiguo con tal rapidez que es imposible hablar de una manipulación.
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