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Viernes, 03 de marzo de 2006

Virtud y pobreza

Nuestro amigo Apostol Carlos, de Caracas y Dios, publica en su blog esta entrada sobre el llamado de NSJC a vivir en probreza y austeridad, y cómo los cristianos rara vez cumplimos este mandato:

Y les mandó que no llevasen nada para el camino, ni pan, ni alforja, ni dinero en la bolsa, sino solamente un bastón; y que fueran calzados con sandalias y no llevaran dos túnicas.
(Mc 6, 8-9)

Esta idea me provoca varios problemas, partiendo por el hecho de que desde ningún punto de vista alguien podría decir que soy pobre, y a pesar de eso hago gala de seguir a NSJC. En segundo lugar, porque más de una vez me he sentido identificado con el joven rico, que llamado a seguir a NSJC no lo hace por el gran amor que tenía a las cosas materiales.

En tercer lugar (y esto será más interesante para los visitantes que mis cargos de conciencia) este llamado contiene una dificultad práctica, cual es que en nuestra sociedad, una vida virtuosa y acorde con las exigencias del evangelio, conduce naturalmente (no siempre) un nivel de vida que en ninguna parte podría llamarse "de pobreza".



En las sociedades precristianas, la riqueza se construía principalmente en base a la explotación de los hermanos, y a la suerte que uno tuviera de pertenecer al bando vencedor en alguna batalla. Sin embargo, gracias al espíritu general de imparcialidad e igualdad que ha permeado a la sociedad, actualmente una persona que ejerce virtudes como el esfuerzo personal, la austeridad, la rectitud moral y el evitar los vicios puede llegar a convertirse en una persona que se podría considerar rica (claro, no el tipo de riqueza que obtiene el dueño de una mina de diamantes, pero no una vida de pobreza). Por ejemplo, la virtud del esfuerzo y la laboriosidad, hacer bien el trabajo permite conservar y mejorar la capacidad productiva, la austeridad permite ahorrar dinero que a su vez atrae más riqueza, la rectitud hace que cada vez se le confíen al cristiano más responsabilidades, que vienen junto con una mejor remuneración, y la falta de vicios facilita que las riquezas reunidas no se pierdan tontamente.

En tal caso, nadie podría criticar la justicia con que se obtuvieron las ganancias, pero indudablemente que el resultado es una persona que ya no es pobre.

Por otro lado, el vicio y el pecado parecen llevar fácilmente a la pobreza, ya sea propia o de nuestros descendientes. No hablemos de la pobreza producida por los vicios más obvio como la droga o el abuso del alcohol; el adulterio y el divorcio, tan celebrado como la última moda en libertad está demostrado que produce el empobrecimiento de la familia que pierde a uno de sus pilares, y del adúltero que pierde lo que ha dejado en su hogar... sin entrar a pensar en los gastos de abogados y tribunales. Así, la pereza, la lujuria y todos los pecados habituales pueden llevar con facilidad a botar grandes cantidades de dinero.

Es curioso observar una especie de círculo, donde la virtud atrae la riqueza, la riqueza facilita el vicio, el vicio provoca la pobreza y la pobreza inspira la virtud. Este ciclo se puede observar a través de las generaciones de una familia e incluso en la historia de las civilizaciones.

Volviendo al tema inicial, entonces ¿Cómo debe ser la relación del cristiano con la riqueza?

Es una pregunta que tengo abierta, e invito a cualquiera a poner sus comentarios al respecto. Mientras tanto, me consuelo con Mt 19, 26:

24 Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos." 25 Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: "Entonces, ¿quién se podrá salvar?" 26 Jesús, mirándolos fijamente, dijo: "Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible."

Categoría: Religión | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Mil gracias por comentarme, por cierto este es un tema que no deja de preocuparme, tengo años meditanto en él, pero como que no he sacado grandes conclusiones. Con respecto a tu visita, y tu comentario sobre el tema homosexual acá va mi repsuesta:

No sabía eso (que homofóbico sea una palabra creada por los gays), pero describe perfectamente la actitud de muchos católicos que conozco, un odio hacia el homosexual y no tanto al pecado. Es mi experiencia. Es verdad que la Iglesia lo ha tratado con mucha delicadeza, pero me refería a nosotros: el pueblo de Dios, a los fieles, a muchos que tratan a los homosexuales muy pero muy mal. ME da verguenza cada vez que veo esas actitudes y me pregunto: ¿cómo pueden llamarse cristianos y tratar a sus hermanos así?. Es por esto que digo que debemos seguir tratando el tema, en especial el cómo tratarlo, y cómo tratar a nuestros hermanos que sufren por todo lo que implica poseer esta condición.
saludos, espero que entiendas las ideas que trato de transmitir.
un abrazo

apostolcarlos | 06-03-2006 22:14:42

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