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Católico, padre de familia y abogado. Aficionado de los juegos de rol, la ciencia ficción e internet.
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Miércoles, 22 de febrero de 2006
Un lector escribe:
[Un amigo] No entendía como era posible que si Adan y Eva solamente habían tenido dos hijos, el resto del género humano pudiera descender de ellos. Si no había otras mujeres ¿de donde salían los descendientes?La pregunta en si tiene su aquel, pero en el fondo lo que se estaba cuestionando era la "historicidad" del Génesis. Es decir hasta que punto lo que narra este libro es estrictamente cierto o son simplemente símbolos y metáforas.
Sin duda esta es una de las preguntas más comunes y a la vez difíciles a las que nos debemos enfrentar los cristianos. Alguna vez, refiriéndose este tema, un ateo preguntaba directamente “¿por qué Dios se complicó tanto con el Génesis y ese relato de la creación en seis días? ¿por qué no contar todo tal como fue?”
La respuesta a su pregunta la dio Stephen Hawking, otro ateo, en su libro “Historia del Tiempo”. En la introducción o a poco de iniciar el libro, el profesor explicaba que al escribir un libro que pretendía explicar oscuros conceptos de física teórica a los legos, había tenido que hacer graves concesiones en contra de lenguaje propio de la física, que es la matemática, conciente de que por cada ecuación que eliminara del texto, su universo de lectores se ampliaba dramáticamente.
Extrapolando este dilema a Dios, es evidente que podemos decirle a nuestro ateo anónimo “porque si Dios contara todo “tal como fue” ¡Nadie lo entendería!”.
La Biblia en general, y cada uno de sus libros en particular no son obras simplemente destinadas a satisfacer nuestra curiosidad histórica o científica. Lo que en ellos se consigna es lo que Dios ha querido dejar por escrito, por nuestro bien y por nuestra salvación. Evidentemente que los primeros capítulos del Génesis son complicados de entender, pero su complejidad no es gratuita, como lo pudo comprobar en su propia obra Stephen Hawking. Si a eso le agregamos que la audiencia de Dios se extiende a través de siglos y culturas (muchas de las cuales ni siquiera estaban alfabetizadas), y además que es necesario transmitir complejas ideas teológicas, podemos comprender que intentar escribir un libro como el Génesis de forma efectiva, es ciertamente una obra divina.
Sirva esta introducción para establecer qué podemos encontrar en el Génesis, y lo limitado del conocimiento humano.
En general se admite que a partir de la aparición de Abraham en el libro del Génesis, éste puede ser entendido literalmente sin grandes complicaciones. El problema en cuanto a la historicidad, particularmente los relatos donde intervienen Adán y Eva son los más cuestionados en este aspecto. Al respecto la discusión no tiene nada de novedosa, ya que basta con leer los relatos, sin necesidad de recurrir a ideas modernas, para darse cuenta que existen agujeros en lo que a primera vista podría ser su sentido. Por ejemplo, si Adán y Eva eran los únicos y primeros seres humanos, de dónde aparecen las esposas de sus hijos.
La respuesta a este punto en particular no es única, pero en su encíclica Humanis Generis, delineó algunas hipótesis como compatibles o no con la doctrina católica. En principio se debe sostener que el cristiano no puede negar que el relato que nos entrega el Génesis en sus primeros capítulos corresponde a hechos históricos efectivamente ocurridos, si bien contados de una forma que no es habitual hoy en día (recordemos que la Palabra de Dios no sólo debe apelar a nosotros, sino a todos los hombres a través de la historia). La razón detrás de esta insistencia no deja de ser capital: las figuras de Adán y Eva están íntimamente ligadas al Pecado Original, y este a su vez a la muerte redentora de NSJC, de tal forma que negar a Adán y Eva lleva a negar el evento histórico del Pecado Original, y esto a su vez lleva a negar el evento histórico de la redención.
Hace unos días Jimmy Akin decía que una de las opciones posibles era entender el relato del pecado original como un “relato litúrgico”. Para entender qué se puede querer decir con esto vemos que la liturgia de la eucaristía comprende varios momentos que pueden ser asignados a la pasión y muerte de NSJC, con menciones que nos hablan de la última cena, de la crucifixión, y de su resurrección. En el fondo en la liturgia eucarística (y en toda la misa, si extendemos la interpretación) vemos una serie de eventos relatados casi teatralmente por el sacerdote.
Ahora bien, si uno tuviera que explicar mediante una representación litúrgica (entendida como “teatral”) un tema más o menos sencillo, como las causas de la Segunda Guerra Mundial, a un auditorio sin conocimiento previo de político o historia europea, de forma breve pero asegurándonos de transmitir los momentos esenciales, seguramente terminaría condensando complejas consideraciones geopolíticas en breves palabras de uno de los personajes y confundiendo en un solo aspecto a los líderes de los ejércitos con las naciones que representan. No es difícil imaginar que, exigidos por la necesidad de hacer llegar el mensaje de una forma efectiva a la mayor cantidad posible de personas, uno terminara con algo parecido a lo que encontramos en Génesis.
Visto desde este punto de vista el relato bíblico cumple maravillosamente su objetivo de transmitir las ideas que son relevantes para nuestra salvación: que el hombre es creado por Dios, hombre y mujer a Su imagen y semejanza (idea completamente revolucionaria para el 98% de los seres humanos que han existido), que por ello es amado de forma especial y ocupa un lugar de preferencia en la creación, que el hombre forma una sola familia (de donde surge nuestro deber de solidaridad) que fue creado con libertad, y por lo mismo con responsabilidad por sus actos, que gozaba de una relación cercana y filial con Dios hasta que un evento la destruyo, alejándonos de Él, que no obstante en nuestra propia rebeldía se proveerían los medios de nuestra restauración, etc.
¿Implica esto que los personajes que actúan en el relato bíblico representan a pueblos, antes que a individuos determinados? Es una afirmación que debemos rechazar en principio, porque la propia encíclica advierte contra el poligenismo:
Mas, cuando ya se trata de la otra hipótesis, es a saber, la del poligenismo, los hijos de la Iglesia no gozan de la misma libertad, porque los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien de que Adán significa el conjunto de muchos primeros padres, pues no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con cuanto las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia enseñan sobre el pecado original, que procede de un pecado en verdad cometido por un solo Adán individual y moralmente, y que, transmitido a todos los hombres por la generación, es inherente a cada uno de ellos como suyo propio(Humani Generis, 30).
Cabe notar que el motivo para rechazar el poligenismo es que “no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con cuanto [enseñan] las fuentes de la verdad revelada”. Puede que en el futuro la especulación teológica encuentre la forma de compaginar ambos datos, pero mientras tanto es una especulación peligrosa, que no se encuentra cercana al corazón de la Iglesia.
Por otro lado, la investigación del ADN mitocondrial le ha dado nuevos bríos a la teoría monogenista, afirmando que la especie humana habría provenido en su totalidad de una sola mujer que habría existido en África hace unos 200.000 años. Si bien no es una prueba científica de que existieron Adán y Eva (no hay que caer en el reduccionismo), sí sugiere que por esa época se produjo un cuello de botella genético, mediante el cual el ADN de un solo individuo pudo llegar a tener influencia en toda la especie.
Establecido que el Pecado Original es un evento histórico y por lo tanto también lo son Adán y Eva, se abre una amplia gama de posibilidades de interpretación respecto de la forma como un cronista moderno expresaría los eventos que relata el Génesis, y este es un ámbito válido de especulación teológica: puede que Caín y Abel no sean hijos directos de los primeros padres, sino que hayan transcurrido algunas generaciones entre ellos, y es posible que las relaciones entre parientes cercanos en la época no hayan llevado los problemas que producen hoy en día.
Más acerca del génesis, especialmente la creación en seis días, aquí y aquí.
Categoría: Escépticos | Comentarios (4) | Referencias (0)
embajador | 01-03-2006 15:41:10
Muchas gracias, embajador. Cuando uno participa en los foros y se acostumbra a que barran el piso con sus explicaciones, no está demás una palmadita en la espalda.
A NSJC el honor y la gloria.
Patoace | 01-03-2006 17:48:36
taskforce | 02-03-2006 08:48:24
Patoace | 02-03-2006 22:01:40