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Viernes, 17 de febrero de 2006

Igualdad de oportunidades

Estrechamente relacionado con una entrada anterior sobre pobreza y desigualdad, está el tema de la igualdad de oportunidades. Si la lucha contra la desigualdad y la pobreza parece un territorio de la izquierda, al menos en Chile, una de las frases emblemáticas de la derecha es la igualdad de oportunidades, pero ¿qué quiere decir “igualdad de oportunidades”?

En su sentido más natural, significa que todos las personas accedan a las mismas oportunidades de trabajar y surgir económicamente, de tal manera que todo el que tenga iniciativa y esfuerzo, se vea recompensado con una buena calidad de vida. Definido así, no hay quien pueda estar en desacuerdo con la igualdad de oportunidades. El problema comienza cuando empezamos a pensar qué medidas se puede adoptar para permitir que todos tengan las mismas oportunidades.

La principal fuente de desigualdad en la sociedad es la educación. Es evidente que los hijos de personas ricas reciben mejor eduación que los hijos de personas pobres, y aún ante el mismo esfuerzo y la misma iniciativa, el hijo de un industrial tendrá la oportunidad de estudiar en el extranjero y realizar contactos que le permitirán a su vez ser un empresario aún más exitoso. Mientras tanto el hijo de una persona pobre tal vez llegue (en Chile) a ser un profesional de rango medio, mediante altos niveles de endeudamiento.



El problema es que para poder corregir esta desigualdad debemos recurrir a políticas totalitarias que impiden el derecho que tiene los padres de educar a sus hijos, como por ejemplo, prohibir la educación privada (tal vez por defender este derecho es que la Iglesia se ve como aliada de los poderoso). Cuando el Estado se convierte en el único educador, podemos asegurar que todos los niños reciban la misma educación, y tengan la misma oportunidad de desarrollarse, con lo que el éxito que pudieran alcanzar sería el producto de sus capacidades y su esfuerzo. Sin embargo, al mismo tiempo anulamos el derecho preferente de los padres a decidir la educación que quieren que reciban sus hijos, lo cual es propio de un Estado totalitario. Además, se estaría actuando contra la tendencia natural de los padres de darles a sus hijos “lo mejor” o “lo que yo no pude tener”. Ese es un sentimiento natural y noble, y no es sano que el Estado deba actuar para reprimirlo.

Una solución intermedia puede ser gravar la educación privada con altos impuestos, pero no parece correcto impedir a través de los impuestos el legítimo ejercicio de un derecho. Finalmente, aún habiendo una sola oferta en materia de educación, nada impide que los padres que cuentan con los recursos, contraten un profesor particular para sus hijos, o transmitan mayores conocimientos o interés por aprender a través de su cariño, rompiendo así la igualdad frente a sus compañeros.

La otra solución es impedir el contacto de los niños con sus padres, pero nadie hoy en dia propone eso, a pesar de que en otras épocas era la última moda en progreso social.

En el ámbito universitario se produce una situación anómala, puesto que se reclama del Estado su presencia como principal proveedor de educación, a fin de asegurar la igualdad de oportunidades. A mi entender, esta situación responde a coyunturas históricas, donde el capital necesario para proporcionar educación universitaria sólo podía ser reunido por el Estado. En la situación actual, donde los privados cada vez cuentan con más recursos para fundar y mantener universidades, lo natural es que la educación universitaria pública siga el mismo destino que la educación escolar pública.

Extrapolando lo que vemos en el acceso a la educación, podemos decir que en todos los ámbitos de la vida (salud, vivienda, cultura, alimentación etc.) donde haya libertad se reflejará la desigualdad, algunas veces injustamente. Es posible imaginar un régimen donde el Estado garantice igualdad de oportunidades, pero mientras más nos acerquemos a ese ideal, el precio a pagar en libertad será mayor.

¿Solución? A menos que estemos dispuestos a renunciar a la libertad de elegir qué hacer con el fruto de nuestro esfuerzo, debemos renunciar a la ilusión de la igualdad de oportunidades: siempre habrá personas más inteligentes, hermosas, o simplemente afortunadas que otras, que, a pesar de hacer su mejor esfuerzo, no llegarán a obtener los niveles de “éxito” que esperan a los ojos del mundo. En esta condición, el esfuerzo del Estado debe estar enfocado a garantizar servicios mínimos que permitan a las personas vivir dignamente. A partir de ahí el Estado debe mejorar sus prestaciones, de forma de impulsar al sector privado a entregar un servicio competitivo.

Categoría: Política y derecho | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Buen post.
mmmm Se me ocurre que quizás podriamos apostar por el comunitarismo, pero ¿estariamos dispuestos a compartir con los demás tan sólo una pequeña parte de lo que nos "sobra"? Sí cuando se trata de que los ricos aporten más, ponen el grito en el cielo y buscan ene formas de evadir impuestos, ¿Cuántos empresarios que se llaman así mismo católicos, de verdad comparten algo de lo que la vida les a dado a manos llenas, no digo conquistado con malas artes, no.
En fin, si vivieramos de verdad las exigencias del Evangelio, otro gallo nos cantaría ¿verdad?

Pd: para variar, me ha gustado tu nueva casa :) Felicitaciones.

Lilian | 21-02-2006 03:02:08

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