Nickname:
Ubicación:
Chile
Católico, padre de familia y abogado. Aficionado de los juegos de rol, la ciencia ficción e internet.
Bitacoras:
Sitios:
En espera:
Online gracias a Bitacoras.com
Viernes, 10 de febrero de 2006
No recuerdo dónde escuché que a Sócrates no le gustaba la idea de la escritura, al gran filósofo peripatético le parecía que esto de dejar por escrito las cosas haría que la gente dejara de ejercitar la memoria, y se volviera floja en pensar, confiando en el registro escrito. Con este mismo esquema mental, hay muchos profesores de matemáticas que prohíben el uso de calculadoras en sus clases, convencidos de que los alumnos deben desarrollar las habilidades para llevar a cabo complejos cálculos por sí mismos, sin ayuda.
Alguien podrá decir que la cultura se ha vuelto demasiado dependiente de la escritura, o que la matemática está encadenada a la calculadora, pero resulta evidente que de haber escuchado a Sócrates en sus ideas contra la escritura la cultura actual como la conocemos no sería posible, y que de no ser por las máquinas que nos ayudan a calcular, las ciencias exactas no tendrían ni una ínfima parte de desarrollo que conocen hoy.
Con el magisterio de la Iglesia ocurre algo similar: puede parecer en principio que esto de someter todo al juicio definitivo de la Iglesia nos hiciera perder libertad (después de todo ese es precisamente el significado de la palabra “someter”), pero en verdad uno abre la reflexión a alturas que antes no podía haber imaginado siquiera. Y es que la mente humana tiene una capacidad limitada, y sobre todo hoy en día las personas tienen tiempo limitado para dedicarlo a la reflexión. Entonces, cuando nos enfrentamos a un tema podemos tratar de construir nuestra propia teoría desde los cimientos, o podemos ir al magisterio de la Iglesia, aprender aquello que otros han establecido (saltar al vigésimo piso por así decirlo), y a partir de ahí comenzar a trabajar en aquello que nos interesa. Obviamente, llegaremos mucho más alto de esta forma.
Podríamos decir lo mismo de cualquier sistema de creencias lo suficientemente antiguo, pero la Iglesia tiene una ventaja: que es guiada por el Espíritu Santo, de tal forma que si llevamos nuestra reflexión a un punto que nos ponga en contradicción con ella, podemos saber que hemos cometido un error en el camino y no perdemos tiempo tratando de apuntalar un edificio que en el fondo se caerá de todas formas.
Pensar con la Iglesia también es un ejercicio de humildad, porque nos obliga a cada paso a estar concientes que no por ver más lejos significa que seamos más grandes, sino que vemos más lejos porque estamos sobre los hombros de verdaderos gigantes que han venido antes que nosotros.
Cuando esta ventaja aparece como más evidente es cuando vemos la situación de los protestantes: con el dogma de aceptar sólo lo que la escritura dice, cada cristiano debe construir por sí solo aquellos principios que forman la base del cristianismo: el amor de Dios, la trinida, la naturaleza de NSJC, etc. Estos son temas complejos, pero en donde el protestante debe tomar resguardos a cada paso y cae muy fácilmente en alguna herejía, el católico puede llegar a conocer íntimamente a Dios, apoyado por la certeza que da el no distraerse en teorías desechadas desde antiguo por la Iglesia.
Todo esto, a propósito de esta anotación de Aeronauta. ¡Gracias!.
Categoría: Iglesia | Comentarios (1) | Referencias (0)
Aeronauta | 10-02-2006 21:19:40