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Católico, padre de familia y abogado. Aficionado de los juegos de rol, la ciencia ficción e internet.
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Viernes, 17 de junio de 2005
Sin embargo, hoy en día nos encontramos con que los enemigos de la Iglesia quieren dar la expresión "separación de Iglesia y Estado" un nuevo significado: la idea de que este principio implica que la religión no debe ocupar ningún espacio en el ámbito público. Así la existencia de símbolos religiosos visibles en lugares públicos sería una ofensa a otras religiones; y la sola mención de Dios, una falta de respeto a los no creyentes.
Este "nuevo significado" de un principio que originalmente es una cosa buena, provoca el natural rechazo de los creyentes, principalmente porque los no creyentes pretenden usar precisamente el poder del Estado para expulsar del espacio común a todas las expresiones religiosas en general y a las expresiones cristianas en particular, muchas veces, incluso pasando por sobre el fundamento democrático del Estado (como cuando un tribunal ordena modificar el escudo de un Estado porque contiene una cruz). Entonces se producen los evidentes reclamos, porque el Estado está actuando más allá de lo que le corresponde, al servicio de una ideología y no de lo que las personas quieren.
En definitiva, quieren hacer del espacio público un desierto religioso, y luego llamar a eso "convivencia pacífica de las religiones".
Un ejemplo es este artículo por Pato Navia en donde reclama por la presencia de demasiados sacerdotes católicos en los medios de comunicación, cuando falleción Juan Pablo Magno. Evidentemente en este caso no estaba involucrado el Estado y la importancia del evento justificaba la cobertura periodística y los comentaristas católicos. Sin embargo para este columnista era más religión en el ámbito público de lo aceptable y le parecía una ofensa personal que otros expresaran opiniones que él no compartía, junto con el cariño y admiración hacia un gran hombre.
Pero el espacio público no es el Estado y la Iglesia no es toda religión, por eso las expresiones de religiosidad popular deben presentarse y ser recibidas en el ámbito público, sin que ello implique vulnerar la separación Iglesia y Estado. Quiera Dios que el Estado nunca llegue a copar todo el espacio público, porque hacia allá se encuentra el Estado Totalitario.
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