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Católico, padre de familia y abogado. Aficionado de los juegos de rol, la ciencia ficción e internet.
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Lunes, 30 de mayo de 2005
Para entender el estado actual de la cuestión sobre el libre albedrío hay que remontarse a la década de 1920 y 1930 cuando estaba el auge del positivismo. Afortunadamente el autor original de esta secuencia de mensajes es un claro exponente de ese tipo de positivismo.
Discutiendo con él me pude dar cuenta cómo la posición cristiana que enarbola el libre albedrío del hombre es un punto medio entre el extremo determinismo de los positivistas y el extremo liberalismo sentimentalista, que es la corriente en boga hoy en día.
El positivismo postula que, conociendo todos los factores que llevan al ser humano a actuar de un modo determinado, es posible predecir con total certeza la decisión que adoptará el sujeto. El hecho de que no podamos hacerlo se debe exclusvamente a que ignoramos algunos factores.
El liberalismo, por su lado, sostiene que las decisiones adoptadas librementes son únicas y personales, imposibles de predecir ya que corresponden al ánimo personal de cada uno. Por lo mismo tampoco es exigible conducta alguna, no se pueden juzgar las decisiones, simplemente son.
Contra estos dos extremos, el cristianismo sostiene el libre albedrío, es decir la capacidad del hombre de actuar libremente guiado por la verdad y la razón. Esto le otorga la capacidad de modificar su conducta de acuerdo a la verdad o de no hacerlo, de tal forma que él se hace responsable tanto de las buenas como de las malas decisiones que toma. Así la posición cristiana tiende a conservar la dignidad del hombre, que es precisamente el punto en discusión en las guerras mundiales que azotaron al mundo en el Siglo XX. No hay que urgar mucho en la ideología comunista o nazi para ver el positivismo actuando en toda su extensión. También es fácil ver el costo en vidas humanas que tiene actualmente la tragedia del aborto, que haya su raiz en la ideología liberal/sentimentalista.
Como abogado, veo que esto también tiene consecuencias para la teoría de la pena y la responsabilidad, pero ya le daremos más vueltas a esas consecuencias.
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