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Chile
Católico, padre de familia y abogado. Aficionado de los juegos de rol, la ciencia ficción e internet.
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Sábado, 23 de abril de 2005
Basta con mirar objetivamente al historia para darse cuenta que la religión siempre ha sido un tema de Estado, ha estado sometida al poder político y el Estado la ha usado como un medio para dar cohesión al pueblo. Así:
Si bien en las culturas primitivas el sacerdote aparece como una figurar separada del líder de la tribu, a medida que el Estado crece, necesariamente absorve esa función, porque no puede tolerar un poder paralelo al suyo.
La genialidad de la religión cristiana es que existió por cerca de 4 siglos sin el apoyo del Estado, y aumentó su número aún en medio de la persecusión, proeza que ninguna otra religión ha hecho. Eso le permitió dar forma a sus doctrinas de forma independiente del Estado, asumiendo la insitutción divina del gobierno civil, pero sin convertirlo en representante de Dios.
Cuando el Estado romano vio que podía usar al cristianismo como herramienta de cohesión lo legalizó primero y lo adoptó como religión oficial después. Ese control del Estado sobre el cristianismo continuó durante siglos, hasta prinicipios del S. XX, cuando el Estado Vaticano firmó una serie de concordatos con los otros estados, y se reflejó en que los emperadores europeos ponían de Papa a quienes les eran adeptos y debían aprobar los nombramientos de los obispos que podían ejercer en su país.
Recién se comenzó a hablar nuevamente de separación Iglesia - Estado, cuando el Estado pudo controlar un territorio y a sus habitantes sin necesidad de la religión, es decir a través del monopolio sobre las armas de fuego, que aparecieron en el S.XVI. Aún así, esta influencia del Estado en la religión no quiere desaparecer: muchos estados europeos conservan "Iglesias oficiales" y el Estado chileno hasta 1920 se sentía sucesor del rey de españa en lo relativo a permitir a los obipos asumir su cargo o que las encíclicas del Papa se leyeran públicamente.
La separación de Iglesia y Estado tiene muchos beneficios para la Iglesia, porque le permite ser un contrapeso al poder totalitario del Estado... y al Estado eso no le gusta para nada. Por eso cada vez que alguien intenta poner límites al poder del Estado, y decirle "tú no debes hacer esto", se acusa a la Iglesia de intervenir. Lo curioso es que cuando el Estado se vuelve loco y se descontrola, se acusa a la Iglesia de cómplice por no intervenir con más fuerza. Palos porque sí, palos porque no.
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